Los prisioneros de Trump de quienes nadie habla

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Il. Edel Rodríguez.

Somos los estudiantes extranjeros, los profesores de intercambio, los dueños de pequeños negocios privados o de algún motivo que ampare nuestra estancia temporal en Estados Unidos. Somos quienes poseemos residencia temporal (Green card) luego de alguna solicitud de asilo político, o quienes entramos por la frontera sur (y por la norte) amparados por decretos presidenciales que ya no existen. Somos quienes estuvimos algunos meses ilegales antes de cambiar nuestro estatus migratorio.

Somos parte de esos prisioneros de Trump de quienes casi nadie habla, por quienes casi nadie se preocupa; pero que experimentamos el mismo estado de pavor que la mayoría de los extranjeros que residen en este país y tienen dos dedos de frente, y se dan cuenta de que en realidad no hay que profesar ninguna religión específica para ser rechazado.

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Entrevista con el escritor Luis Carlos Fuentes: guionista de “Belzebuth”

luis-carlos-fuentesEn 2010, los casos de personas poseídas aumentaron exponencialmente. Por eso el Papa en persona decidió excomulgar a varios sacerdotes que pudieran hacerse cargo de las investigaciones. Esos sacerdotes debían ser expertos en… demonología. El argumento —de terror, como es fácil suponer—, pertenece a la película mexicana Belzebuth, dirigida por el multipremiado Emilio Portes, y que cuenta con las actuaciones de estrellas como Tobin Bell, Joaquín Cosío, Giovana Zacarías y José Sefami.

Su estreno está previsto en México para mediados de 2017. De hecho, ha creado desde ya mucha expectativa entre el público consumidor de cine mexicano. Luis Carlos Fuentes es su guionista. Es también autor del libro de cuentos Mi corazón es la piedra donde afilas tu cuchillo (Era, 2014) y editor  en Tusquets. Hasta hace un año aproximadamente residía en el interior de México, en el estado de San Luis Potosí. Viviendo allí comenzó a grabarse su guion. Por ello su perspectiva sobre el cine mexicano trasciende centralización que caracteriza a la mayoría de los países de América Latina y ofrece una mirada sobre los obstáculos y las necesidades de aquellos que permanecen alejados de la Ciudad de México.

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“Yo soy un tipo de Tamarindo”

 

amadoEl dramaturgo cubano Amado del Pino ha muerto. Fue la triste noticia con la que nos despertamos esta mañana. Él era un tipo de Tamarindo, que era como decir un tipo noble, aferrado al terruño. Me lo dijo durante nuestra primer entrevista en 2010, sentado en una silla del pequeño comedor de casa de Aida, su madre y más ferviente admiradora. Lo reafirmó después en cada gesto de bondad, en los correos intercambiados en estos años, donde siempre hablaba de Tania, de Amadín, de Adriana, de la longevidad de Aida y, claro, del teatro que lo apasionaba. Aquella entrevista que le hice apareció en el número 1 de 2010 de la revista Tablas. Yo era una estudiante de periodismo recién graduada y él estaba cumpliendo 50 años, y una vida dedicada al arte. En la memoria de todos los que le rinden homenaje hoy, en la memoria de quienes se reunan de 5 de la tarde a 8 de la noche en el Parque de San Isidro, en Madrid, para compartir textos suyos, Amado seguirá siendo el tipo franco de Tamarindo.  Sigue leyendo

Cuba es una sola y es toda nuestra

Malecón

Desde que vivo en Miami evito hablar sobre Cuba. A veces parece que me mudé al patio del Kremlin. Uno no sabe si el gobierno cubano ha sitiado a la Isla, o si desde aquí más de uno ayudan a sitiarla un poco más todos los días. Hace algunos meses una periodista me entrevistó sobre mis estudios de doctorado en la Universidad de Miami. Le dije que, en lo personal, recorrí un largo camino para llegar hasta aquí, que me atreví a aplicar, que me arriesgué a aspirar a más y que ese valor se lo agradecía a mis años viviendo en México, porque allí había aprendido a soñar, a soñar con un futuro de posibilidades que en Cuba uno no sabe cómo ver. La periodista escribió: “Dainerys aprendió a soñar cuando llegó a Estados Unidos”. Nada más lejos de la verdad, de mi puñetera y simple verdad.

Vivo en un edificio de la Pequeña Habana. Rodeada de viejitas y viejitos cubanos. Huelen a soledad. Se buscan para conversar porque los días les son eternos. La vecina del frente fue bailarina de Tropicana en los años 60. Dice que se fue de Cuba hace 39 años y nunca más ha regresado. Salió en los Vuelos de la Libertad, porque otros siempre han decidido qué nombres bonitos ponerles a nuestras historias más tristes. “Si voy a Cuba, no viro para Miami, y a Cuba no me van a mandar la ayuda económica que tengo aquí, a Santo Domingo sí la mandan, a Cuba no”. Anoche me lo dijo mientras estaba parada en el pasillo, mirando hacia la nada, esperando que se disipara el olor a veneno de cucarachas con el que había fumigado su diminuto apartamento. Ella prietísima, bella, con su cabello teñido de rubio y sus ojos durísimos. Me recordó a mis compañeras de la revista Bohemia. Las periodistas talentosas, pero frustradas, cuyos dolores me apartaron del periodismo cubano.

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Sobre “La carne”, de Rosa Montero

la-carne-rosa-monteroQuerida Dalia Virgilí,

Gracias por esta amistad florecida en la distancia y entre recomendaciones de libros. Por suerte, Facebook sirve para mucho más que husmear en las vidas ajenas o compartir noticias falsas; y se ha convertido para nosotras en un pedacito de universo donde es posible intercambiar inquietudes y consejos literarios. El último libro que me recomendaste, La carne de Rosa Montero (Alfaguara, 2016), es toda la buena literatura que me habías anunciado y también más.

Hace un par de semanas el periódico estadounidense El Nuevo Herald ubicó a la novela entre una de las obras en español más leídas en Estados Unidos durante el año recién concluido. No es para menos. Coincido contigo en que es uno de esos libros que cuando se comienza a leer ya no se puede soltar. La fuerza de la prosa de Montero, la profundidad en la psicología de sus personajes, generan conexiones instantáneas entre el lector y la novela. ¿Es un thriller, un drama romántico, un policíaco? Quizás en el inaprensible estilo elegido por la autora radica uno de los mayores encantos de la pieza.

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Eran los días perfectos

chiles-campanaEstos eran los días perfectos para levantarnos tarde, dejar la cama deshecha y sudada. Eran los días perfectos para desandar la ciudad; agarrar mis zapatos sucios y caminar kilómetros y kilómetros sostenida solo por tus manos. Para volver a usar el abrigo guardado durante casi un año, y dejar que el aire me despeinara mientras tú tratabas de acomodar mis cabellos, en un gesto que terminara siempre con un beso cursi. Eran los días perfectos para enseñarte dos, tres atardeceres desde la orilla del mar. Para apoyar mi cabeza en tu hombro y marcar el horizonte con mis dedos y marcar tus dedos con mis labios.

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“Cristóbal Colón y otros locos” de Pedro Monge

 

otros_locosEn estas horas de incertidumbre política llega a mis manos Cristóbal Colón y otros locos, comedia teatral escrita por Pedro Monge en 1993 y que, recientemente, Ediciones Vigía de Matanzas convirtió en un libro objeto de arte, en una pieza plástica digna de ser coleccionada.

Monge tomó como pretexto las excursiones de Cristóbal Colón al mal llamado Nuevo Mundo para ridiculizar al poder hegemónico. Y en este gesto de rebeldía radica la fuerza que conserva su creación más de 20 años después de haber sido escrita. Cristóbal Colón y otros locos es la expresión de un tiempo que parece eterno, en el que quienes manejan la economía, la política y la religión, siempre terminan vencidos por la ambición, y pareciéndole a los otros (quizás como consuelo) un poco más idiotas de lo que en realidad son.

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Utopías de estas horas

una vida....

Una vida… (Foto: Dalia Virgilí Pino)

Utopía I

Eran las 7 de la mañana cuando me despertó el timbre del teléfono. Era una video llamada de mi mamá. Dice que soñó anoche conmigo y que por eso me estaba llamando tan temprano. Estuvimos conversando durante media hora más o menos. Cada una desde su cama le dio celos a la otra por lo bien que había dormido durante toda la noche. Me contó que amaneció con mucho calor en La Habana; pero que estaba feliz porque habían anunciando lluvia para esta tarde. Le conté que tuve mucho que leer esta semana en la Universidad. Me solté el cabello y le mostré cuánto me ha crecido en los últimos días. Incluso mis amigos del doctorado lo notan cuando lo llevo suelto, le dije.

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5 símbolos de México que la nostalgia vuelve mágicos

1) Los tacos

En cualquier lista, tienen que ocupar el primer lugar. Que cuál es la comida más sabrosa en México: los tacos. Qué cuál es la comida más demanda en México: los tacos. Que cuál es la comida más representativa de México: siempre los tacos. Y en la distancia, cuando México queda a cuatro horas de avión, lo primero que falta también son los tacos. La diferencia es que ya no importa si son de pastor, de bistec, o veganos (esto es una ofensa al santo supremo de todos los taqueros, Don San Taco). En la distancia el recuerdo de los tacos pierde irremediablemente la individualidad y quien extraña solo sabe que extraña a los tacos más que a su madre, que extraña el puesto en cada esquina, al taquero metiendo las manos sucias en la cebolla para dártelos “con todo”; que extraña, en fin, la vida misma y sus emocionantes infecciones estomacales.

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Un año de blog

un-anoLas ganas de escribir son como las ganas de tomar café: se calman, pero no se curan. Lo he confirmado mientras amaso con mis manos Estas letras que ves, blog que hoy cumple un año de vida.

La aventura comenzó un domingo cualquiera. Necesitaba compañía en el desértico San Luis Potosí, y me di cuenta de que me acompañaban incondicionalmente mis tímidas letras. Desde ese día he tratado de hacerlas públicas sistemáticamente. Claro que antes había hecho periodismo en Cuba, durante cinco largos y hermosos años. Pero tiene una magia diferente escribir y compartir crónicas, fotografías, cuentos, ensayos, textos atados solamente a mis ganas de ser (¿escritora, mujer, cronista?).

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