#NiUnoMenos: Zapadores en campo minado

Por: Javier Valdéz

javier_valdez_tw-960x500Puede llamarse Javier Valdéz o Miroslava Breach, la verdad es que los nombres no hacen mucha diferencia. Están asesinando periodistas en México. Lo hacen a sangre fría, de forma planificada. Caen como si fueran soldados en un campo de guerra. No es justo. No es lógico. Tampoco es noticia. Es de suponer que se les asesina mientras más cerca están de alguna verdad sobre el narcogobierno. Esto significa que el precio de informar sobre una realidad es la muerte. Todo parece más absurdo de lo que podría haberse esperado.

A finales de 2009, mi primera nota como periodista recién graduada de la Universidad de La Habana fue sobre los periodistas asesinados en México. ¡En 2009! Alguna ONG celebraba entonces en el Instituto Internacional de Periodismo una conferencia de prensa para informar sobre el peligro que corrían nuestros colegas y pedir que se alzaran voces de solidaridad. Desde 2012 hasta le fecha, más de 30 periodistas han sido asesinados, seis en lo que va de marzo hasta mayo de 2017. En estas cifras no se incluyen los secuestros, las amenazas, los allanamientos de morada ni las censuras disfrazadas de despidos, como la sufrida por Carmen Aristégui y su equipo de trabajo hace ya casi dos años. Estas cifras dan pánico y, sin embargo, no impiden que todos los días se levanten en el país cientos de hombres y mujeres dispuestos a seguir investigando e informando.

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La vidente

Día de Muertos

Cuando era chiquita tenía fama de ser vidente. Una vez mi mamá quiso entender qué pasaba con mi espíritu y me llevó a ver a una brujera. La brujera le dijo: “Tu hija tiene mucha luz”. Desde ese día, casi me hacen un altar en la casa.

Cuando yo decía “hay una mujer de pelo largo en la vida de mi papá”, era porque la había. O cuando decía “esa taza se va a caer de la mesa”, se caía. También decía a veces: “llegará el arroz del mes a la bodega… y es arroz chino”, y tres días después llegaban diez barcos cargados de arroz de China.

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Reflexiones al ritmo del Capitalismo

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Me compré un caleidoscopio. Fue como regresar a la infancia. Obtuve un pedazo de nostalgia intacto. Cuando una ciudad no te deja hacer amigos, cuando una ciudad no te deja abrazar a tus viejos amigos todas las semanas, necesitas, al menos, un caleidoscopio. Gastas dinero en un tubo plástico, lleno de piedras de colores, miras hacia adentro por una rendija, lo sacudes y obtienes siempre nuevas imágenes. En fin, necesitas creer que aunque sea en un tubo plástico lleno de piedras de colores encuentras felicidad, libertad, fuerza espiritual, que si gastas dinero no siempre es para cosas superfluas (lo espiritual como nueva forma de mercancía). Pero ¿qué cosas hay más superficial e inútil que un caleidoscopio a los 30 años? La enajenación existe. No es la misma en todos los capitalismos ni en todos los socialismos, pero existe. Donde no hay dinero para la cerveza casi siempre hay más tiempo para los amigos. Donde sobra la cerveza, los amigos suelen no tener tiempo para compartirla. Me he vuelto abstemia.

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Los prisioneros de Trump de quienes nadie habla

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Il. Edel Rodríguez.

Somos los estudiantes extranjeros, los profesores de intercambio, los dueños de pequeños negocios privados o de algún motivo que ampare nuestra estancia temporal en Estados Unidos. Somos quienes poseemos residencia temporal (Green card) luego de alguna solicitud de asilo político, o quienes entramos por la frontera sur (y por la norte) amparados por decretos presidenciales que ya no existen. Somos quienes estuvimos algunos meses ilegales antes de cambiar nuestro estatus migratorio.

Somos parte de esos prisioneros de Trump de quienes casi nadie habla, por quienes casi nadie se preocupa; pero que experimentamos el mismo estado de pavor que la mayoría de los extranjeros que residen en este país y tienen dos dedos de frente, y se dan cuenta de que en realidad no hay que profesar ninguna religión específica para ser rechazado.

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Entrevista con el escritor Luis Carlos Fuentes: guionista de “Belzebuth”

luis-carlos-fuentesEn 2010, los casos de personas poseídas aumentaron exponencialmente. Por eso el Papa en persona decidió excomulgar a varios sacerdotes que pudieran hacerse cargo de las investigaciones. Esos sacerdotes debían ser expertos en… demonología. El argumento —de terror, como es fácil suponer—, pertenece a la película mexicana Belzebuth, dirigida por el multipremiado Emilio Portes, y que cuenta con las actuaciones de estrellas como Tobin Bell, Joaquín Cosío, Giovana Zacarías y José Sefami.

Su estreno está previsto en México para mediados de 2017. De hecho, ha creado desde ya mucha expectativa entre el público consumidor de cine mexicano. Luis Carlos Fuentes es su guionista. Es también autor del libro de cuentos Mi corazón es la piedra donde afilas tu cuchillo (Era, 2014) y editor  en Tusquets. Hasta hace un año aproximadamente residía en el interior de México, en el estado de San Luis Potosí. Viviendo allí comenzó a grabarse su guion. Por ello su perspectiva sobre el cine mexicano trasciende centralización que caracteriza a la mayoría de los países de América Latina y ofrece una mirada sobre los obstáculos y las necesidades de aquellos que permanecen alejados de la Ciudad de México.

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“Yo soy un tipo de Tamarindo”

 

amadoEl dramaturgo cubano Amado del Pino ha muerto. Fue la triste noticia con la que nos despertamos esta mañana. Él era un tipo de Tamarindo, que era como decir un tipo noble, aferrado al terruño. Me lo dijo durante nuestra primer entrevista en 2010, sentado en una silla del pequeño comedor de casa de Aida, su madre y más ferviente admiradora. Lo reafirmó después en cada gesto de bondad, en los correos intercambiados en estos años, donde siempre hablaba de Tania, de Amadín, de Adriana, de la longevidad de Aida y, claro, del teatro que lo apasionaba. Aquella entrevista que le hice apareció en el número 1 de 2010 de la revista Tablas. Yo era una estudiante de periodismo recién graduada y él estaba cumpliendo 50 años, y una vida dedicada al arte. En la memoria de todos los que le rinden homenaje hoy, en la memoria de quienes se reunan de 5 de la tarde a 8 de la noche en el Parque de San Isidro, en Madrid, para compartir textos suyos, Amado seguirá siendo el tipo franco de Tamarindo.  Sigue leyendo

Cuba es una sola y es toda nuestra

Malecón

Desde que vivo en Miami evito hablar sobre Cuba. A veces parece que me mudé al patio del Kremlin. Uno no sabe si el gobierno cubano ha sitiado a la Isla, o si desde aquí más de uno ayudan a sitiarla un poco más todos los días. Hace algunos meses una periodista me entrevistó sobre mis estudios de doctorado en la Universidad de Miami. Le dije que, en lo personal, recorrí un largo camino para llegar hasta aquí, que me atreví a aplicar, que me arriesgué a aspirar a más y que ese valor se lo agradecía a mis años viviendo en México, porque allí había aprendido a soñar, a soñar con un futuro de posibilidades que en Cuba uno no sabe cómo ver. La periodista escribió: “Dainerys aprendió a soñar cuando llegó a Estados Unidos”. Nada más lejos de la verdad, de mi puñetera y simple verdad.

Vivo en un edificio de la Pequeña Habana. Rodeada de viejitas y viejitos cubanos. Huelen a soledad. Se buscan para conversar porque los días les son eternos. La vecina del frente fue bailarina de Tropicana en los años 60. Dice que se fue de Cuba hace 39 años y nunca más ha regresado. Salió en los Vuelos de la Libertad, porque otros siempre han decidido qué nombres bonitos ponerles a nuestras historias más tristes. “Si voy a Cuba, no viro para Miami, y a Cuba no me van a mandar la ayuda económica que tengo aquí, a Santo Domingo sí la mandan, a Cuba no”. Anoche me lo dijo mientras estaba parada en el pasillo, mirando hacia la nada, esperando que se disipara el olor a veneno de cucarachas con el que había fumigado su diminuto apartamento. Ella prietísima, bella, con su cabello teñido de rubio y sus ojos durísimos. Me recordó a mis compañeras de la revista Bohemia. Las periodistas talentosas, pero frustradas, cuyos dolores me apartaron del periodismo cubano.

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Sobre “La carne”, de Rosa Montero

la-carne-rosa-monteroQuerida Dalia Virgilí,

Gracias por esta amistad florecida en la distancia y entre recomendaciones de libros. Por suerte, Facebook sirve para mucho más que husmear en las vidas ajenas o compartir noticias falsas; y se ha convertido para nosotras en un pedacito de universo donde es posible intercambiar inquietudes y consejos literarios. El último libro que me recomendaste, La carne de Rosa Montero (Alfaguara, 2016), es toda la buena literatura que me habías anunciado y también más.

Hace un par de semanas el periódico estadounidense El Nuevo Herald ubicó a la novela entre una de las obras en español más leídas en Estados Unidos durante el año recién concluido. No es para menos. Coincido contigo en que es uno de esos libros que cuando se comienza a leer ya no se puede soltar. La fuerza de la prosa de Montero, la profundidad en la psicología de sus personajes, generan conexiones instantáneas entre el lector y la novela. ¿Es un thriller, un drama romántico, un policíaco? Quizás en el inaprensible estilo elegido por la autora radica uno de los mayores encantos de la pieza.

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Eran los días perfectos

chiles-campanaEstos eran los días perfectos para levantarnos tarde, dejar la cama deshecha y sudada. Eran los días perfectos para desandar la ciudad; agarrar mis zapatos sucios y caminar kilómetros y kilómetros sostenida solo por tus manos. Para volver a usar el abrigo guardado durante casi un año, y dejar que el aire me despeinara mientras tú tratabas de acomodar mis cabellos, en un gesto que terminara siempre con un beso cursi. Eran los días perfectos para enseñarte dos, tres atardeceres desde la orilla del mar. Para apoyar mi cabeza en tu hombro y marcar el horizonte con mis dedos y marcar tus dedos con mis labios.

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“Cristóbal Colón y otros locos” de Pedro Monge

 

otros_locosEn estas horas de incertidumbre política llega a mis manos Cristóbal Colón y otros locos, comedia teatral escrita por Pedro Monge en 1993 y que, recientemente, Ediciones Vigía de Matanzas convirtió en un libro objeto de arte, en una pieza plástica digna de ser coleccionada.

Monge tomó como pretexto las excursiones de Cristóbal Colón al mal llamado Nuevo Mundo para ridiculizar al poder hegemónico. Y en este gesto de rebeldía radica la fuerza que conserva su creación más de 20 años después de haber sido escrita. Cristóbal Colón y otros locos es la expresión de un tiempo que parece eterno, en el que quienes manejan la economía, la política y la religión, siempre terminan vencidos por la ambición, y pareciéndole a los otros (quizás como consuelo) un poco más idiotas de lo que en realidad son.

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